La Ventriloquia

Sobre al arte de ser Ventrílocuo

Una de las performances artísticas más antiguas y escazas de encontrar es la Ventriloquia, capacidad de crear la ilusión de que los sonidos o las voces provienen de fuentes diversas y ajenas a la persona que las está emitiendo. Esto se presta dado que el artista consigue paralizar completamente los músculos faciales, especialmente los del entorno bocal externo, dando la clara sensación de que la plática o sonidos gesticulados proceden de otro agente. Esto sin duda asombra y confunde con creces al público expectante aledaño. Por ello en la antigüedad quienes practicaban dicha habilidad, que en su mayoría eran trúhanes y mal intencionados comerciantes de la superstición, se aprovechaban de los incautos transeúntes para obtener ganancias mal habidas en base al engaño especialmente de aspectos religiosos profanos, pues les hacían creer que se trataba de las voces de dioses y espíritus extraños dando comandos y voluntades. Hubieron también, aunque pocos, aquellos que valoraban correctamente la ventriloquia para usarla en aforos de entretenimiento y arte escénico que fue tomando forma con el paso de los siglos en una sociedad cada vez más sofisticada culturalmente aunque siempre superticiosa y temerosa del más allá.

La ventriloquia es posible de realizarla en base a mucho ensayo y esfuerzo. Hay personas que gozan de ciertas propiedades anatómicas adecuadas para poder adquirir dicha habilidad de una forma más rápida que otros, lo cual explica la presencia de ventrílocuos infantiles (que no han tenido la necesidad de ensayar tanto para lograr inmovilizar sus músculos faciales), pero en general cualquier persona decidida podría aprender ventriloquía si así se lo propusiera y se dedicara a practicar y practicar. Pero la Ventriloquia no termina o está completa en base meramente a la técnica bucal, aunque ciertamente eso ya es bastante; sin embargo la ventriloquia también comprende la habilidad y genialidad del contenido o trama de una presentación ante el público; la rutina puede ser variada y de distintos rigores pero será el otro cincuenta por ciento del éxito de una puesta en escena de ventrílocuo.

Claro que mucho depende de los propósitos en los que usaremos la ventriloquia como una herramienta de: entretenimiento, expresión meramente artística, el uso de esta técnica para fines comerciales, para fines educacionales o transmisión de mensajes específicos y didácticos; u otros usos que uno le pudiera dar. Sea como sea, el antiquísimo arte de la ventriloquia resulta fascinante para quien lo puede apreciar en vivo.

Los propósitos mal intencionados de manipuladores y engañadores que usaban la ventriloquia como medios de manipulación de masas ha sido tajantemente recriminada y condenada por autoridades, incluso en la Biblia encontramos referencias severas a este tipo de actitudes y personas. Pero la condena ha sido siempre para las personas que mal usaron el arte de la ventriloquia para fines oscuros y desleales y nunca para el arte ventrílocuo en sí, porque es el humano quien decide otorgarle o no, un carácter correcto o profano a una destreza magistral y hermosa como es el arte de la ventriloquia.

Como pocas, esta disciplina artística es asombrosa y genial; existen pocas personas que logran practicarla con pericia y meridiano dominio. La mayoría de personas autodenominadas como ventrílocuos distan de serlo por no lograr la técnica cabal de la inmovilidad de los músculos faciales, pero los hay si, quienes lo hacen muy bien. Es cierto por tanto que famosos denominados ventrílocuos gozan de fama y éxito artístico aunque no consigan dicha inmovilidad facial al momento de hacer hablar a sus respectivos personajes. Pero creo que el anhelo mayor de un ventrílocuo, o aspirante a serlo, es precisamente lograr la ilusión total de que las voces y sonidos provienen de otra fuente ajena a sus personas.

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